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MENTIRAS

-Y a vos qué, ¿ya te avivaron?
Generalmente el que lanzaba la pregunta era un compañero de escuela de algún curso superior, el benjamín ya crecido de una vecina muy sociable, un primo que nos aventajaba en unos pocos años o cualquier otro pariente que, por no tener hijos propios, sentía la necesidad moral de tutelar los ajenos. En definitiva, siempre alguien mayor que aquél que se veía obligado a contestarla. Eso sí, no importa cuál fuera el lazo que unía a los dos dialogantes, el que preguntaba lo hacía en voz muy baja y mirando hacia todas partes, como si detrás de esa pregunta aparentemente ingenua se escondiera un secreto vital para la seguridad del estado.
-Y a vos qué, ¿ya te avivaron?
Por si alguien no entiende ni una palabra de "argentino", trataré de traducirla a un español más cercano:
-Y a tí qué, ¿ya te "espabilaron"?
Generalmente, la primera vez que uno oía esa pregunta, contestaba con un tímido "no", convencido de que a partir de nuestra concisa y apresurada respuesta el interlocutor develaría, como mínimo, el profundo secreto de la vida. De allí que con el corazón escapándose del pecho y la mejor cara de Caperucita Roja despistada, abría muy bien las orejas, dispuesto a recibir toda la sabiduría universal de un solo golpe y para siempre.
-Ah...-decía el otro gozando del suspenso- ¿Así que entonces no sabés que los Reyes Magos son los padres?
¿Qué hacer frente a semejante revelación? Es verdad que más de una vez habíamos tenido serias dudas en cuanto a la identidad de los tres incansables jinetes orientales, pero, ¿era posible que, nomás nacer, nuestros idolatrados padres nos hubieran engañado de aquella manera tan infame?
-¡Cómo no lo voy a saber! -nos apresurábamos a decir nosotros, tratando de imitar la burlona pedantería de James Garner en sus seriales televisivos- Eso lo sabe cualquiera...
-Bueno -se envalentonaba el otro-, entonces también sabés que la cigueña no existe...
¡Qué golpe bajo! ¡Qué ganas tan grandes de echarse a llorar! Si los mismos abnegados seres que nos habían dado la vida, esos que confesaban sacrificarse día a día para que nada nos faltara, proclamándose desinteresados guardianes de nuestra educación y buenas costumbres, eran capaces de inventar semejantes patrañas, entonces todo era mentira, ¡la verdad no existía!
Pasaron los años, y si bien nunca volvimos a recuperar la confianza original, creíamos haber aprendido a distinguir entre un engaño liso y llano y esas otras mentiritas sin importancia a las que todo el mundo suele apellidar "piadosas".
Ahora, cuando caen tantas máscaras y el carnaval del mundo parece convertirse en un cenizo miércoles cualquiera, volvemos a preguntarnos: ¿existe la verdad?, ¿podemos esperar algo más que mentiras piadosas?
Quizá nuestra inteligencia no tenga la respuesta, pero estoy convencido de que sí la tienen nuestro olfato, nuestras manos y nuestra mirada, al menos cuando, libres de prejuicios heredados y palabras prestadas, recuperan la inocencia y nos dicen dónde está lo que queremos, permitiéndonos ver que detrás del sonido y la furia todavía hay una pequeña melodía nocturna y que más allá de las nubes tormentosas que a veces opacan nuestros ojos, el sol brilla espléndido, esperando iluminar nuestras únicas, impostergables, auténticas vidas.

El Mundo, BCN.

 

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LA SONRISA

Había sido siempre una persona inexpresiva y seca. Alguien que por carácter, educación e ideología no pensaba que fuera necesario ser simpático ni afectuoso con el resto del mundo. Veía a "los demás" como enemigos, competidores, adversarios; nunca como camaradas o amantes, como posibles compañeros. Su estatura, el largo de sus brazos, la anchura de sus hombros, todo en él era escaso, corto, estrecho. Acostumbrado a las sombras, al silencio, a acatar sin remilgos ni quejas lo que familiares, maestros y superiores le ordenaban, fue creando, además de un profundo y sordo resentimiento, una ambición sin horizontes. Supo desde muy temprano que obedeciendo se podía ascender, que no había necesidad de ser original ni brillante para escalar posiciones, que en ciertos ambientes se agradecía mucho más su sumisa e indefinible "vocación de servicio" que cualquier inteligencia despierta y creativa.
Pasaron los años, hasta que un día se encontró con un micrófono en las manos y varios periodistas a su alrededor. Había llegado aquel momento silenciosamente esperado en que tendría que enfrentarse a un público espectante, a una multitud de cámaras y flashes. Obviamente hizo todo lo que pudo, pero ese todo sonó a poco. Lo que estaba a la vista no admitía engaños y aquellos que presenciaron el debut estuvieron de acuerdo: su hacer resultaba deslucido y errático, se lo veía atemorizado y titubeante sin la presión cercana de sus superiores.
Al igual que sus espaldas, sus extremidades y sus respuestas, este hombre era débil, opaco, miserable. No estaba mal para algún concurso televisivo de parejas. Era imposible imaginarlo como líder.
Mientras tanto sus mandamases, preocupados por encontrar sin demoras un candidato potable, una opción medianamente válida para el puesto vacante, se decían: No es guapo ni carismático, ¡pero mira que comparado con nuestras reliquias antidiluvianas! Éste al menos respira... Y además es obediente.
Llamaron a sastres, peluqueros, expertos en imagen, escritores. Había que cambiarle el peinado, la ropa, la forma de moverse; pergeñar discursos y réplicas. Trabajaron mucho sobre él y él más aún sobre sí mismo. El resultado, después de años de trabajo, fue una personalidad menor pero mostrable. Sin embargo seguía faltándole algo que los expertos consideraban imprescindible: una buena sonrisa. Por más que ensayara, todas parecían muecas de terror, tics descontrolados, expresiones desagradables que ni siquiera el poblado bigote lograba enmascarar. Era inútil: no encontraba una razón para sonreír, no sabía fingirla. Desesperado, recordando aquellas cartas que escribía de niño y con las que siempre había logrado sus deseos, puso en un papel: Querido Reyes Magos, ¿podrían regalarme una sonrisa? Por favor, que sea sincera, amplia, carismática. Una sonrisa de líder, que le guste a la gente.

El Mundo.

 

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CONDONES

El Diccionario de la Lengua dice: "Condón. (del apellido de su inventor, el inglés Condom.) Preservativo, funda elástica." Algo más didáctico, el Espasa insiste con lo de la preservación, para después contarnos que el invento británico tiene forma cilíndrica, suele ser de goma o caucho y sirve para cubrir el miembro viril durante el coito. Recatadamente, no hay ilustraciones de ningún tipo. Una pena, porque en los últimos tiempos he descubierto que junto a la Sagrada Familia, la Pedrera, la manzana de la discordia, el parque Güell, el Palau de la Música, las Ramblas de las Flores y las modernidades pre y post-olímpicas, a los amigos extranjeros que pasan por Barcelona les divierte y entretiene muchísimo una visita guiada hasta "el emporio del condón". Inútil que lo busquéis en las guías, ya sean estas amarillas, azules o de cualquier otro color. No existe -en Barcelona al menos- tienda alguna con ese nombre, pero dado que esta columna no pretende ser publicitaria, dejo a vuestra intuición y buen hacer investigativo que lleguéis -si os interesa- hasta el local de marras. ¿Una pista? Está cerca de una plaza céntrica que lleva el breve y canoro nombre de un árbol con raíces matemáticas. Allí, como si de una pastelería se tratara, se exhiben en pulcras y bien ordenadas vitrinas las nuevas adquisiciones de nuestra sexualidad. Si bien el SIDA nos ha privado de ejercitar nuestro gusto con algunas partes del ajeno cuerpo humano, el olfato, la vista y el tacto se ven ampliamente gratificados con un sinfín de adminículos protectores que presentan las más variadas formas, colores y -¡oh!¡oh!¡oh!- tamaños. Los hay de tiernas gamas apasteladas, para los amantes de las sensaciones ligeras; violentamente irisados, para devotos tardíos del "Flower Power" o ecologistas psicodélicos; masticables y aromáticos, para los que prefieren apurar varios pecados capitales de un solo trago. También los que se internan por el lado más duro de la sexualidad podrán encontrar una funda apropiada: es poco probable que el receptáculo de tanta cresta, pincho, aguijón, clavo o ápice, se muestre indiferente a las "caricias" que ellas le dispensen.
Antes he dejado al margen a uno de los cinco sentidos, el oído, porque no podría asegurar que alguno de los modelos más avanzados de estos profilácticos incluya banda sonora, hilo musical, o la lista completa de los 40 principales. Aunque, si los hay con cabeza de cerdo, gallo, dragón o payaso, no encuentro razones para que no se produzca una colección, digamos "más culta", con las testas de los grandes genios de la música universal. Entiendo que acoplarles además un reproductor de compact disc podría ser una obra de ingeniería electrónica demasiado arriesgada, pero siempre podemos recurrir a la buena voluntad de nuestra pareja y, en el momento de presentarnos frente a ella, tararear el trozo musical más conocido del compositor que llevamos en la -es de esperar- erguida capucha.

El Mundo

 

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MODELOS

Son tres (3) mujeres modélicas, ni más ni menos que eso. Altas, exuberantes, ¿hermosas? Imposible asegurarlo. El último adjetivo es el menos preciso, el más relativo. Una cámara de video, poseída por ese temblequeo parkinsoniano que se considera moderno, sinónimo expresivo de "en vivo y en directo", oficia de entrevistador. Las preguntas son, más que sencillas, simples. A nadie le interesa saber si escuchan a Bach o a Beethoven, leen a García Márquez o a Shakespeare, están interesadas por el ajedrez, el bricolage o la ecología. Ellas, las tres, responden.
La más rubia: "¿El porqué de este éxito? Debe ser porque somos tres mujeres." Parece un chiste.
Están inaugurando un restaurante neoyorquino que se publicita como de su propiedad. Ya se sabe: un nombre es una marca y una marca es algo que se puede vender. Además hay que pensar en el futuro, en esos centenares o miles de mujeres, también relativamente hermosas, relativamente preparadas e indiscutiblemente más jóvenes, que avanzan con desesperada decisión, dispuestas a ocupar un lugar en la cada día más estrecha pasarela. Dura guerra la de la supervivencia.
"Me gusta el picante, las especias", confiesa la morena. Y esperamos que nos lance a la cara, como tartas de nata, sus platos predilectos, convencidos de que una diosa como ella nos revelará los excitantes secretos de un nuevo y diferente paraíso gastronómico. "Adoro el pescado frito con patatas", agrega con ese gesto encantadoramente despectivo que la ha hecho famosa en todo el mundo. (Ya se sabe: para ser un objeto deseado es imprescindible no desear, despreciar el deseo del otro.) ¡Qué chica sin remilgos, "casolana"! Un modelo de sencillez, en suma.
La tercera, la más alta y madura, prefiere callar. Mientras se ajusta el Wonderbra con profesional desenvoltura, nos amenaza con el esbozo de una sonrisa. Su elección del silencio y ese sutil dominio de los sentimientos, la convierten en una mujer ideal, modelo de esposa, hija, amante y madre. Hace unas semanas, en Barcelona, había declarado que acostumbra tomar dos litros de agua en ayunas y dedicar ocho horas diarias al ejercicio físico. Buena chica. Con toda seguridad que también come natural y sencillo. Hamburguesas, sin ir más lejos.
Nada que ver con esas mujeres anónimas, nada ejemplares, que telefonean a un programa matutino de la SER para confesar que han probado cola de cocodrilo. "Es deliciosa", dice una de las tragonas, "más tierna que el pollo"; mientras la otra, que además se ha devorado un avestruz entero, proclama: "Está buenísima". Pese a no contar con la difusión y el glamour de las tres chicas modelo, no les quepa duda que tendrán sus seguidores.
¿Qué pasará el día en que sean entrevistadas las moscas?

El Mundo

 

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RECUERDA

Cuando Alfred Hitchcock pidió la colaboración de Dalí para las escenas oníricas de la película Recuerda (Spellbound en el original inglés, Cuéntame tu vida para su distribución en Argentina), el pintor catalán propuso algunas ideas que el prolífico "Hitch" encontró irrealizables. Casi veinte años después seguiría asombrándose frente a François Truffaut de alguna de ellas:
-¡Una estatua de mármol blanco se resquebraja y unas hormigas escapan de las grietas y se arrastran por la estatua... Y luego vemos a Ingrid Bergman cubierta de hormigas!
Además de que hoy esa escena no sería ningún desafío para cualquier técnico de efectos especiales medianamente cualificado, la invención de Salvador Dalí podría servirnos de precisa, y preciosa, metáfora visual de la memoria. Algo vivo, fastidioso y autónomo, se escapa de ese pedestal inamovible al que solemos condenar lo pasado para recordarnos su existencia, inquietándonos con un recorrido escalofriante por la muchas veces hermética caparazón de piel que nos recubre.
Una línea rosa, continuada y zigzagueante como un ejército de hormigas, recorrió el miércoles 28 de junio el centro de Barcelona, desde el Moll de la Fusta hasta la avenida Diagonal. Los colectivos gays, orgullosos de su memoria, recordaban el holocausto de más de trescientos mil homosexuales en los campos de concentración nazis durante la segunda guerra mundial. Un macabro privilegio que la numerosa minoría homosexual compartió con judíos, gitanos y disidentes.
Ese mismo día había recibido una carta de la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos de Madrid en la que me invitaban a adherirme a una solicitada donde se reclama Justicia, no venganza. En su primer punto dice: "El reconocimiento de sus culpas no exime al criminal de sus delitos, menos aún cuando éstos afectan a los derechos fundamentales del hombre y todavía menos cuando los que se confiesan son delitos de lesa humanidad". Se trata de que personajes nauseabundos como el comandante Astiz, un asesino sin piedad que se infiltró entre las madres de Plaza de Mayo para acabar físicamente con sus líderes, no siga disfrutando de una libertad, dorada, mundana, que en realidad no merece. Como dice el manifiesto: "Es imprescindible que sean retirados de cualquier puesto público todos los criminales. Para ello, como para su juzgamiento, es preciso conocer sus nombres, así como la responsabilidad que cupo a los médicos, escribanos, psicólogos, enfermeros, sacerdotes, etc., que participaron activamente en la consumación del terror. Los criminales deben saber que no tendrán tranquilidad nunca. No existe el silencio ni el olvido y por más que quieran evitarlo la memoria de sus crímenes los perseguirá para siempre y serán perseguidos por ellos."
Que así sea.

El Mundo.

 

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ADIOSES Y BATALLAS

Hace dos domingos, como desmintiendo el título de su película más popular, murió Melina Mercouri. Pocos días después el diario "El País" anunciaba la emisión por Radio Nacional de unas grabaciones de la actriz griega, cambiándole el apellido hasta convertirla en parienta del cantante Freddie Mercury. El ya desaparecido componente de Queen lleva vendidos millones de discos: ¿logrará algo similar el Papa con su recién lanzado compact? Estrategia no por conocida menos interesante: vencer al enemigo en su propio terreno; doblegar al demonio bajando de las nubes, librándole batalla en el centro mismo del infierno. ¡Atrás Madonna con sus perversas prácticas! ¡Basta ya de ídolos ambiguos con mensajes espurios! Michael Jackson temblará en su sarcófago oxigenado, la industria entera dará un repaso a sus catálogos. ¿Se podrá relanzar al eclipsado Camilo Sesto? ¿No será un buen negocio reeditar a Sor Sonrisa y su guitarra? Si Bukowsky no se hubiera escapado para siempre hace unos pocos días, seguramente podría preocuparse por esta piadosa avanzada musical, hundiéndose en un tonel de alcohol oscuro para que no pudieran encontrarlo los ejércitos celestes, nuevamente armados.
Que se prepare el alcalde de Vitoria y las asociaciones gays de todo el mundo; que caigan de rodillas abortistas, defensores del condón y devotos de la concuspicencia. El Papa, convertido en un "compactado" ojo divino -brillante como la flamígera espada de los ángeles bíblicos-, podrá llegar finalmente a todas partes.
Una última pregunta: ¿de qué lado estaría Don Quijote en esta lucha? No se hace difícil la respuesta si pensamos al personaje con la elegante ironía de Fernando Rey, que tampoco esperó otra primavera para bajarse definitivamente del caballo.

4 gats revista

 

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LA ROSETTO

Según García Márquez, los caribeños son muy cálidos porque no conocen el hielo. Cecilia Rosetto, que en algún momento de su espectáculo cita al escritor colombiano, demuestra conocer muy bien la frialdad de ciertos públicos. Tanto, que utiliza todo su calor, que es mucho, para descongelarles la actitud de espectador pasivo, juicioso y juzgador y así poder metérselos, sin temor a escalofríos, en algún lugar de ese escueto vestuario en el que no abundan los bolsillos.
La Rosetto desembarca en Barcelona por segunda vez y después de casi cuatro años de ausencia. Podemos imaginar a esta mujer alta, con mirada de gacela, corazón de tigre y espíritu transeúnte, abandonando sus miedos en la consigna de algún aeropuerto o deshaciéndose de ellos con ademán distraído y gesto elegante en la estación anónima de un tren sin destino. Ahora, despojada por completo de temores, nos ordena: ¡Dame un beso!, mientras se lanza al vacío en una triple pirueta mortal. No vemos red alguna dispuesta para recogerla en una hipotética caída. Sólo el escenario negro y despojado donde apenas destacan los brillos del piano de concierto y los de un baúl de los recuerdos al que la Rosetto otorga carácter de barra de bar, vaso y taburete incluidos. "¿Para eso habré estudiado tanto?", se pregunta uno de sus personajes, mientras duda entre cortarse las venas con la hoja de afeitar que, no por casualidad, tiene entre las manos, o usarla para hacer picadillo el abrigo del marido que ha decidido abandonarla por "una mocosa" con pocos años más que los dieciséis que acaba de cumplir el matrimonio. Una iluminación funcional, muy bien puesta, un pianista, Emilio Solla, que parece escapado de una historieta de Tintin, y algunos pocos elementos de vestuario, le sirven a la Rosetto para componer sus personajes. Es así como una cinta en el pelo la convierte en el ama de casa obsesionada por el sexo, una camisa de colores en La Lupe y un haz de luz lunar en la mezcla desorbitada y fascinante de Mina con la Liza Minelli de "Cabaret" y la muy brechtiana Lotte Lenya. En medio del fragor sostenido de dos horas de espectáculo, la Rosetto conserva espacios para la memoria. Nos recuerda a Faulkner, Lorca, Margarita Xirgu, Pirandello, Josephine Baker, y es como si ellos, agradecidos y satisfechos, la protegieran con un casi imperceptible pero refrescante batir de alas.
Y si la Malena del tango tenía pena de bandoneón, la Rosetto del Villarroel tiene además toda la melancolía que sabe extraer de la guitarra el Toti Soler cuando la acompaña en el "Homenatge a Teresa" de Ovidi Montllor.
Dan ganas de gritarle ¡Brava!, como a las divas de la ópera. Ella lo es y mucho. Se pasea por la grosería con glamour, es sabia con sencillez, talentosa con inmodestia. Si hubiera nacido en París, Londres, New York o Connecticut, sería, no lo duden, portada de todas las revistas.

El Mundo, julio 1995.

 

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LENGUAS

"I´m the best" proclama la leyenda desde la camiseta, flotando sobre los senos apenas despuntados de una adolescente. Mientras espero que el semáforo nos dé paso, me entretengo leyendo el resto de su ropa. En la cintura de los tejanos cortados sin paciencia y desteñidos con lejía, la etiqueta todavía anuncia su "quality cloting". Para no ser menos, el bolso marinero que lleva colgando de un hombro confiesa en espectaculares letras blancas su dudosa procedencia -unos grandes almacenes neoyorkinos- y su indudable material -"cotton"-. Desde la acera de enfrente un llamativo cartel me inquieta con una pregunta que hasta el momento no había osado hacerme: "¿Are you ready for a Global World?". En la misma valla publicitaria una conocida multinacional del disco anuncia: "Eric Clapton. From the cradle." Cruzo la calle tratando de recordar una antigua canción (¿Layla?) del guitarrista con nuevo álbum y me cruzo con un repartidor de "fast food" que lleva la moto hábilmente camuflada detrás de un considerable cantidad de adhesivos literarios. Alcanzo a leer algunos: "Rap and Soda", "Safe Sex", "To me or not to me, that is the question...".
El clima pesa: aunque septiembre ya se escapa, por momentos el calor aprieta sin compasión. "The Very English. Very Dry Gin". En la fotografía del escaparate, la copa suda, mostrándonos dentro una tentadora mezcla refrescante. Paso junto a otra valla cubierta de carteles. No hay enfermos de cáncer en el "country" del humo. Sólo caballos y jinetes, cielos azules y arenas con el mismo color del tabaco rubio. ¿Qué autoridad sanitaria se atreverá a decirnos, sin ruborizarse, que tanta naturaleza salvaje puede perjudicar nuestra salud? Compro el diario. Las carteleras de los cines anuncian "The Flintstones", "Night on Earth", "Bad Lieutenant", "Speed", "Go Fish", "Short Cuts", "Reservoir Dogs", "Life is Sweet" y "Wyatt Earp", mientras el "Aladino" de nuestra infancia se transforma en "Aladdín" sin explicar el porqué del cambio. Me acerco hasta el menú televisivo. Un par de programas que me interesan comparten horario. Estoy nuevamente condenado al "zapping". A mi lado, dos niños de edades diferentes y caras familiares esperan, como yo, el autobús. Cargan a sus espaldas mochilas de plástico con imágenes autografiadas de Bugs Bunny y Mickey Mouse. En la misma parada, otro mochilero más maduro ha preferido un petate con leyenda decididamente rockera: "Guns n´Roses. More potent than ever". Lleva una gorra con la visera caída hacia atrás, arrastrada por el peso de dos enormes e imperativos "pins". "Be my friend", dice uno; "Keep Smiling" el otro.
Me giro para evitar un repentino rayo de sol sobre los ojos. Allí mismo, a mis espaldas, sobre la pared de piedra viva, un grafitti en refulgente fucsia reclama "Freedom for Catalonia."
¡Larga vida a la lengua española! ¡Visca el catalá!

El Mundo

 

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